SEPULTURA DE JULIAN ROMEA. Cº de San LORENZO Y San JOSÉ

Julián Romea
Matilde Diéz
Julián fue el segundo de los seis hijos de don Mariano Romea y Bayona, un aragonés que administraba los bienes de los marqueses de Espinardo en Murcia, y de doña Ignacia Yanguas y Prat de Rivera, una valenciana afincada en Madrid. En 1816 se trasladó con su familia a Alcalá de Henares, pero cuando el padre fue desterrado por su pasado liberal y huyó a Portugal, la madre regresó a Murcia con sus hijos en 1823; allí el joven Romea estudió humanidades en el Seminario Conciliar de San Fulgencio; por entonces ya intervino como actor en piezas de aficionados.
 A finales de 1827 volvió el padre del destierro.
 En 1831 vuelven a Madrid y Julián se matricula en la recién creada Escuela de Música y Arte Declamatorio, donde tuvo por maestro al gran actor Carlos Latorre, discípulo de Isidoro Máiquez; también él será en el futuro profesor de esta Escuela, conocida popularmente como El Conservatorio. En 1832 fue contratado como galán joven por la Compañía deJuan Grimaldi y fue actor del Teatro del Príncipe, sobre cuyo escenario protagonizó la primera representación de una obra de William Shakespeare directamente traducida 
desde el inglés: Macbeth, en 1838,






El féretro se instaló en la parroquia de San Sebastián. El cuerpo se hallaba amortajado de frac y pantalón negro; a pesar del embalsamamiento, se notó una gran hinchazón en el rostro. Julian fue encerrado en una caja de plomo, a su vez encerrada en otra de madera con forro de paño negro, franjas moradas y remates de plata. A la una de la tarde el cortejo fúnebre se puso en marcha por las calles del Príncipe, Carrera de San Jerónimo, Prado, al cementerio de San Sebastián. Al pasar por delante del Teatro del Príncipe, varias actrices arrojaron flores y una corona, en tanto que la orquesta del Teatro interpretaba una marcha fúnebre.

El día 2 de diciembre de 1886 se hizo traslado de los restos mortales del eminente actor al cementerio de San Lorenzo y San José, donde en un mausoleo erigido por el arquitecto don Demetrio de los Ríos, y costeado por suscripción nacional, yace junto al cadáver de su mujer la inolvidable Matilde Díez.
Antes de morir dejo escrito:

Hay momentos de pesar
tan rudo y tan obstinado,
que más de una vez he estado
a punto de blasfemar.
Pero al fin no ha sido así;
que en medio de mi agonía

mi Santa Virgen María
tiene compasión de mí,
y envía a mi corazón,
que con el dolor delira,
en vez de la hirviente ira
la santa resignación.

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